Intensas precipitaciones asolan los campamentos de refugiados saharauis dejan una imágen dantesca

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Llueve sobre mojado en los campamentos de refugiados saharauis desde hace más de cuatro días. Y suma y sigue. Maldigo el cielo que engulló sin piedad los cobijos de adobe cosidos con hilos de barro salado con sudor. Maldigo los cómplices de las frías gotas que atragantan las sonrisas de los que chapotean en charcos sin saber que existen mares. Maldigo los nubarrones que ennegrecen las miradas de la impotencia y la desolación. Maldigo los culpables directos de esta trágica situación. No omito los Acuerdos de Madrid, ni la Marcha Verde, ni aquellos con mentes inundadas de vergüenzas y desazón.

Pero después de la tormenta, seguro vendrá un vaso de té. Por cada muro que se derrumbe, seguro crecerá una flor. Por cada hilo desvencijado de las jaimas, seguro aparecerá una estrella fugaz. Por cada noche con luz de vela a la intemperie; seguro acrecentará el ímpetu de luchar. Por cada ojera anegada de lágrimas; seguro emergerá una hermandad. Por cada mano arrugada con fango; se estrechará la resistencia por conquistar lo que las balas, minas, aviones, sirocos, hambre, alambradas… desistieron en impedir: La libertad, autodeterminación, independencia, principios, moral, cultura, el Ser saharaui. Sahara Libre, siempre.

Salamu Hamudi.

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